"Me siento mala madre": Cómo separar el agotamiento de la culpa

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Maiya Johnson
Escrito por , Creative Copywriter at Napper

Son las 2 de la tarde y estás escondido/a en el baño mirando el móvil mientras tu peque ve su tercer episodio de Bluey del día. La voz en tu cabeza grita: "Las buenas madres no necesitan descansos. Las buenas madres disfrutan cada momento precioso. Estás fallando". Si este diálogo interno te suena familiar, no estás solo/a y, lo que es más importante, esa voz te está mintiendo.

Los estudios demuestran que el agotamiento y la culpa materna se retroalimentan en un círculo vicioso. Cuando estamos cansados, es más probable que sintamos que no damos la talla. Cuando nos sentimos culpables, nos agotamos intentando compensarlo. Estar cansado/a como padre o madre no te hace mal progenitor/a. Te hace humano/a.

Cuando el agotamiento y la culpa se encuentran

Cuando funcionas con un mínimo de sueño y un máximo de estrés, tu cerebro no procesa la realidad con precisión. El agotamiento literalmente cambia la forma en que nos percibimos a nosotros mismos y nuestra crianza. Esa voz crítica interior se vuelve más fuerte, más persistente y más convincente cuando estamos agotados.

Los estudios sobre madres que experimentan agotamiento parental muestran consistentemente que la culpa es uno de los predictores más fuertes del agotamiento. La culpa suele aparecer primero. Las madres que se imponen estándares imposiblemente altos, que creen que deben ser perfectas, estar siempre disponibles y ser infinitamente pacientes, son las más propensas a quemarse.

Esto sucede porque

el pensamiento perfeccionista

crea una carga mental agotadora. No solo estás gestionando las necesidades físicas de tus hijos. Estás constantemente evaluando tu desempeño, cuestionando tus decisiones e intentando alcanzar un ideal imposible. No es de extrañar que estés cansada.

La parte más cruel es que el agotamiento hace que todo se sienta peor. Cuando estás agotada, los desafíos normales de la crianza parecen insuperables. La rabieta de tu pequeño no es solo una fase del desarrollo. Se siente como evidencia de que estás haciendo algo mal. La regresión del sueño de tu bebé no es un comportamiento infantil normal. Se siente como una prueba de que estás fallando en las tareas más básicas de la crianza.

El mito de "disfrutar cada momento"

Una de las mayores mentiras que se les dice a los padres es que deberían estar agradecidos y disfrutar cada momento de la paternidad. Esta positividad tóxica descarta los desafíos muy reales de criar a los hijos y hace que los padres se sientan culpables por tener reacciones normales y humanas al estrés, la falta de sueño y las demandas incesantes de los niños pequeños.

Como todos sabéis, ser padre es difícil. Realmente, genuinamente difícil. Está bien no disfrutar de las rabietas en público. Es normal sentirse frustrado cuando has estado toda la noche despierto con un bebé que está sacando los dientes. Esto no te hace ingrato ni mal padre.

La presión de "disfrutar cada momento" es particularmente cruel para los padres agotados porque invalida su experiencia. Cuando alguien te dice que "disfrutes este tiempo porque pasa muy rápido" mientras estás en modo supervivencia, añade culpa sobre el agotamiento. Empiezas a creer que estar cansado o abrumado significa que eres ingrato con tus hijos.

Pero disfrutar de la paternidad y encontrarla desafiante no son mutuamente excluyentes. Puedes amar profundamente a tus hijos mientras te sientes agotado por las exigencias de cuidarlos. Puedes estar agradecido por tu familia mientras reconoces que algunos días son más difíciles que otros. Estos sentimientos matizados son normales y saludables.

Cambiando la narrativa

Cuando el agotamiento se encuentra con la culpa, tu cerebro crea historias que no son verdad. Aprender a reconocer y reformular estos pensamientos es crucial para romper el ciclo. La investigación sobre la autocompasión muestra que los padres que practican el diálogo interno amable tienen mejor regulación emocional y relaciones más positivas con sus hijos.

Algunos pensamientos comunes impulsados por la culpa y sus alternativas basadas en la realidad:

La historia de la culpa
La reformulación realista

"Debería ser más paciente. Las buenas madres no gritan."

"Soy humana y tengo límites. Perder la paciencia a veces no borra todo el amor y cuidado que muestro a mis hijos cada día."

"Debería estar haciendo más actividades educativas con mis hijos."

"Mis hijos están aprendiendo constantemente a través del juego, la observación y simplemente estando conmigo. No cada momento necesita ser un momento de enseñanza."

"Debería disfrutar más de esto. Otros padres parecen amar cada minuto."

"Las redes sociales y las apariencias públicas no reflejan la realidad completa de la experiencia de crianza de nadie. Es normal tener días difíciles."

"Si fuera mejor padre/madre, esto sería más fácil."

"La crianza es inherentemente desafiante independientemente de lo 'bueno' que seas en ella. El comportamiento de mis hijos refleja su desarrollo, no mis fracasos como padre/madre."

La clave para reformular efectivamente es reconocer cuándo tu cerebro agotado está a cargo de la narrativa. Cuando notes pensamientos que incluyen "debería", "siempre", "nunca", o comparaciones con otros padres, esa es tu señal para detenerte y preguntarte si este pensamiento te está ayudando o perjudicando.

mom hugging baby

Mantras para combatir tu crítico interior

A veces, en medio de un momento difícil de crianza, necesitas herramientas rápidas y accesibles para silenciar la voz crítica en tu cabeza. Estos mantras respaldados por la investigación pueden ayudar:

  1. "Estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que tengo ahora mismo." Esto reconoce tanto tu esfuerzo como tus limitaciones. No se trata de ser perfecto. Se trata de estar presente con la capacidad que tienes en este momento.

  2. "Mi valor como padre/madre no está determinado por este momento." Una interacción difícil, un momento de pérdida de paciencia, un día de demasiada pantalla. Nada de esto define toda tu trayectoria como padre/madre.

  3. "Los padres cansados no son padres que fracasan." El agotamiento es una señal de que estás poniendo una energía tremenda en cuidar a tu familia. Es evidencia de tu dedicación, no de tu inadecuación.

  4. "Puedo amar a mis hijos y encontrar la crianza difícil al mismo tiempo." Estos sentimientos pueden coexistir. Tener emociones complejas sobre la paternidad es normal y saludable.

  5. "Lo suficientemente bueno es suficientemente bueno." El perfeccionismo es el enemigo de la presencia. Apuntar a "suficientemente bueno" te permite estar más relajado, más auténtico y más conectado con tus hijos.

  6. "Esto es una temporada, no para siempre." Cualquier fase desafiante por la que estés pasando, ya sean noches sin dormir con un recién nacido o rabietas con un niño pequeño, pasará. Recordarte esto puede ayudarte a superar los momentos difíciles.

Por qué la culpa te hace más cansado

Entender cómo la culpa crea agotamiento puede ayudarte a romper el ciclo. Cuando te sientes culpable por tu crianza, a menudo intentas compensar haciendo más. Quedándote despierto hasta más tarde para preparar actividades, diciendo sí a cada invitación social, investigando en exceso cada decisión de crianza. Este comportamiento compensatorio lleva a más agotamiento, que lleva a más "fracasos" percibidos, que lleva a más culpa.

Por eso la autocompasión no es egoísta. Es estratégica. Cuando te tratas con amabilidad en lugar de crítica, conservas energía que de otro modo se desperdiciaría en culpa y auto-recriminación. Esa energía puede entonces ir hacia el cuidado real de tu familia.

La investigación muestra consistentemente que los padres que practican la autocompasión reportan niveles más bajos de estrés, mejor regulación emocional y relaciones más positivas con sus hijos. No son más permisivos ni están menos motivados para ser buenos padres. Simplemente no se están agotando con la autocrítica.

Normalizando el espectro de emociones parentales

Parte de desenredar el agotamiento de la culpa implica aceptar que la crianza involucra un espectro completo de emociones, no solo alegría y amor. Es normal sentirse frustrado cuando tu hijo no escucha por décima vez, abrumado por la carga mental de manejar la vida familiar, resentido por perder tu independencia anterior, aburrido durante el juego o actividades repetitivas, ansioso sobre si estás tomando las decisiones correctas, decepcionado cuando la crianza no coincide con tus expectativas y solo a pesar de estar rodeado de familia.

Estos sentimientos no te hacen un mal padre. Te hacen un ser humano completo que resulta estar criando. El problema no es tener estas emociones. Es creer que tenerlas te hace deficiente.

Muchos padres luchan con lo que los psicólogos llaman "perfeccionismo emocional", la creencia de que los buenos padres solo deberían sentir emociones positivas hacia sus hijos y su rol. Esto establece un estándar imposible que garantiza culpa y vergüenza.

En su lugar, intenta ver tu rango emocional como evidencia de tu profundidad y humanidad. Tus hijos se benefician de ver que los adultos tienen sentimientos complejos y pueden navegarlos con gracia y autocompasión.

Cuando la culpa se convierte en algo más

Si bien algo de culpa es normal en la crianza, hay una línea entre la típica duda parental y la culpa que se ha vuelto dañina. Ten en cuenta estas señales de advertencia: culpa que interfiere con tu funcionamiento diario o sueño, rumiación constante sobre los "fracasos" parentales, incapacidad para disfrutar cualquier aspecto de la crianza, síntomas físicos como dolores de cabeza o problemas estomacales relacionados con el estrés parental, evitar a otros padres porque te avergüenzas de tu crianza, tomar decisiones de crianza basadas en la culpa en lugar de las necesidades de tu familia, sentir que eres una carga para tu familia, o tener pensamientos de hacerte daño a ti mismo o a tus hijos.

Si reconoces estos patrones, puede ser momento de buscar apoyo de un terapeuta que se especialice en salud mental parental. Estos sentimientos son más comunes de lo que podrías pensar, y son muy tratables.

matrescence mother

4 consejos para el manejo diario de la culpa

Más allá de la reformulación y los mantras, algunas estrategias concretas para manejar la culpa en tiempo real pueden ayudar:

  1. Crea una lista de "suficientemente bueno": Escribe lo que realmente constituye una buena crianza en tu familia. Incluye aspectos básicos como "los niños están alimentados, seguros y amados". Cuando la culpa golpee, consulta esta lista en lugar de medirte contra estándares imposibles.

  2. Practica la "prueba del mejor amigo": Cuando tu crítico interior se vuelva ruidoso, pregúntate: "¿Le hablaría así a mi mejor amigo/a si estuviera luchando con el mismo problema?" Usualmente, la respuesta es no. Trátate con la misma compasión que le mostrarías a un amigo.

  3. Limita los desencadenantes de comparación: Si ciertas cuentas de redes sociales, grupos de crianza o situaciones consistentemente desencadenan tu culpa, está bien limitar o eliminar tu exposición a ellos. Tu salud mental importa más que mantenerte conectado a contenido que induce culpa.

  4. Responde a la culpa: Cuando surjan pensamientos culpables, no solo los aceptes. Desafíalos con preguntas como: "¿Este pensamiento me está ayudando a ser mejor padre/madre?" o "¿Qué le diría a otro padre en esta situación?"

Redefiniendo la buena crianza

Los mejores padres no son los que nunca se cansan, nunca se sienten abrumados o nunca cometen errores. Los mejores padres son los que están presentes consistentemente, aman profundamente y se extienden gracia cuando no alcanzan la perfección.

Demasiados padres hermosos y dedicados están convencidos de que están fallando porque no coinciden con algún ideal imposible. Las madres agotadas se empujan hasta el punto de quiebre porque creen que luchar significa que son inadecuadas.

Lo que sabemos que es verdad: los padres cansados no son padres que fracasan. Los padres que piden ayuda no son padres débiles. Los padres que se sienten abrumados no son malos padres. No estás definido por tus momentos más difíciles, y no tienes que ganarte tu lugar en el corazón de tu hijo a través de la perfección.

A veces

la buena crianza

se ve como tirarse al suelo para jugar. A veces se ve como establecer límites cuando estás abrumado. A veces se ve como modelar el autocuidado tomando un descanso cuando lo necesitas.

Tu permiso para ser humano

Si has estado cargando el peso de la culpa parental, considera esto tu permiso oficial para dejarlo ir. No tienes que ser perfecto para ser un buen padre. No tienes que disfrutar cada momento para estar agradecido por tus hijos. No tienes que tener energía infinita para proporcionar un cuidado adecuado.

Tus hijos no necesitan un padre perfecto. Te necesitan a ti. Necesitan tu amor, tu presencia, tu cuidado y tu humanidad. Necesitan ver que los adultos pueden cometer errores y aun así ser dignos de amor. Necesitan aprender que está bien tener límites y pedir ayuda.

La voz que te dice que no eres lo suficientemente bueno no te está diciendo la verdad. Es la voz del agotamiento, la comparación y los estándares imposibles. La verdad real es más silenciosa pero más poderosa: amas a tus hijos, estás haciendo lo mejor que puedes, y eso es suficiente.

Eres suficiente. Incluso cuando estás cansado. Incluso cuando cometes errores. Incluso cuando la crianza se siente imposiblemente difícil. Especialmente entonces.

De la culpa a la gracia

Liberarse del ciclo de agotamiento-culpa no sucede de la noche a la mañana, pero sucede. Empieza poco a poco. Nota cuando la voz crítica se vuelve fuerte. Practica una técnica de reformulación o un mantra. Muéstrate la misma compasión que le mostrarías a un amigo.

Recuerda que sanar de la culpa materna no solo te hace más confiada sino también más compasiva. Contigo misma, primero y ante todo, y luego con otros que están luchando con los estándares imposibles que nuestra cultura impone a los padres.

Tus hijos están observando, y lo que están aprendiendo de ti importa. Cuando te tratas con amabilidad a pesar de tus imperfecciones, les enseñas que su valor no está condicionado a ser perfectos. Cuando reconoces tus límites y pides ayuda, les muestras que es humano tener necesidades.

Este es quizás el mayor regalo que puedes darles: el conocimiento de que no tienen que ser perfectos para ser amados, que luchar no significa fracasar, y que ser humano es suficiente.

Tú puedes con esto, no porque seas perfecta, sino porque te importa lo suficiente como para cuestionarte si lo estás haciendo bien. Ese corazón que se preocupa es toda la evidencia que necesitas de que eres exactamente el padre que tus hijos necesitan que seas.

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"Me siento mala madre": Separar agotamiento y culpa